Letras en línea

Fernando Fernández Rivera
Licenciatura en Psicología
División de Ciencias Sociales y Humanidades

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II

“Sabrá Dios si volveré”
Está escrito sobre las redilas de la vieja Nissan,
en el rostro envejecido de la selva que me da la espalda.
Nunca supe si el destino se reía o se burlaba.

Aquí les dicen guajoloteros,
Cargan sombras, extranjeros y animales.
Son máquinas desnudas por la humedad,
metal caliente
que trepa como la hiedra sobre los pies de la montaña.

El camino es una serpiente de lodo asfixiada por la altura.
Los baches me golpean el corazón,
cuerpo apretado entre sudores, líquido evaporándose.
Babel, tus hijos beben del mismo espacio.

Sólo escucho grillos en la estática de la lluvia
grillos en la estática del radio
grillos en la estática de mi silencio

Alto en seco
-Párese o disparo

Los gatilleros huelen igual que los coyotes,
hijos de la cocaína y el efecto dos mil.
Su negocio es la usura, no tienen nombre, pero tienen Patrón.
En un país escaso de sueños somos mano de obra para la muerte. No estoy seguro de llegar al final de mis palabras.    

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III

1 de junio 2019

El fotógrafo de nota roja Hugo García dispara una ráfaga de fotos hacia Aideé, asesinada a las afueras de un hotel. Su amante anónimo se acuesta junto a ella. “Un beso a esa mujer que no pudo responder, ese beso que se lo llevó en la muerte”. La foto aparece en la primera plana de “El Gráfico”.

Los veo doblar el periódico entre el brazo y la costilla,
la mayoría camina a la oficina, usan camisa blanca.
La nota roja los empapa de sangre.

No tengo nombre, pero te amo.
Nadie sabrá que fui cómplice donde nos negaron la ternura.
Cuantas veces la miel de la codicia endulzó la luz que derramaste,
estás envuelta en hojas de tabaco, pantera de juguete en la selva de cemento.

Ven tu sueño de piedra y cal, te han rodeado de veladoras y policías,
la prensa riñe cada palabra de tu cuerpo.

Los titulares están regateando sangre y tinta,
mañana de carnaval, en galera o en la morgue.
Separan los frutos sangrientos de la madrugada
de las risas sórdidas a medio día.

Este beso eres tú, acostada sobre la eternidad,
cierro los ojos para anochecer contigo.
Nuestra tragedia tiene un final feliz.
                                       

Les he arrebatado tu muerte.       

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